?Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en m?. As? que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios quien me amo y se entreg? a s? mismo por m?? (G?latas 2:20, NTV).

La historia nos demuestra que desde el inicio de la creaci?n hasta el tiempo presente el ser humano anhela ser el centro del universo. Desde Ad?n y Eva, los grandes emperadores, deportistas, cient?ficos, cantantes y hasta los renombrados ministerios del momento, siempre existe un anhelo de ser reconocido, aplaudido y seguido. A?n en nuestro diario vivir hay un deseo de ser visto al publicar nuestra foto o post del momento donde esperamos con ansias poder ver cuantos likes o comentarios obtenemos. Existe una obsesi?n por la moda, video, t?tulos acad?micos, entre tantas cosas m?s que nos alejan de aquel que debe ser el centro de todo: Jes?s. No digo que las motivaciones de todo lo que hagamos est? mal sino m?s bien evaluar que existe detr?s de lo que hacemos, escribimos o decimos. Donde m?s esto se evidencia es en la vida matrimonial.
Dios cre? al hombre y a la mujer para ser uno con ?l, pero el pecado caus? una divisi?n entre ambos. Esta relaci?n inici? primero con Dios y luego con la pareja. La batalla del yo inicia con un hombre y una mujer quienes una vez fueron solteros sin tener que dar respuesta de sus decisiones. Pero el cambio ocurre una vez casados, al darse cuenta de que ya no son dos, sino uno; en otras palabras, ya no se trata de m? sino de nosotros. 
El problema radica en que a nuestra naturaleza humana le es dif?cil vivir como uno. Muchas parejas est?n dispuestas a vivir juntas. Tal vez, ella soporte la ronquera de su marido; o tal vez, ?l no tenga problemas con las normas de la cocina, pero tarde que temprano habr? algo en lo cual no estar?n de acuerdo y si esta peque?a discrepancia no se resuelve, traer? consecuencias. En algunos casos, el problema siempre ser? la falta de una soluci?n porque en vez de pensar como “nosotros”, cada uno sigue pensando como “yo”.
Desde el principio de la creaci?n, nuestro adversario Satan?s busca que el hombre y la mujer act?en en contra de Dios y luego en contra de su dise?o: el matrimonio. He podido observar a trav?s de los a?os a matrimonios con la problem?tica de “la pareja infantil”. Ella act?a como una madre cansada de repetir las cosas que ?l debe realizar en la casa, y ?l como un ni?o molesto por las constantes quejas. 
Este tipo de matrimonio asume un comportamiento tipo pelea y huida donde ella arremete contra ?l, mientras ?l huye de su responsabilidad como esposo ?y en ciertos casos, como pap?. El resultado de esto es una mujer fatigada y desilusionada; y en el caso de ?l un hombre que sufre del s?ndrome del esposo soltero o de infantilidad masculina porque no desea crecer. 
En ambos casos, el nosotros dejo de existir hace ya bastante tiempo y el yo es el quien gobierna. El problema es que las constantes peleas de ella ser?n infructuosas porque ?l lo ve como un ataque a su persona y no como un reclamo de su rol como cabeza del hogar. La Biblia dice en Proverbios 27:15:
“Una esposa que busca pleitos es tan molesta como una gotera contin?a en un d?a de lluvia”.
Entre tanto, la conducta que el marido asume hiere el coraz?n de su esposa porque le est? dejando a ella la carga del hogar aisl?ndose como sino existiera. Job 14:2:
“Brotados como una flor y despu?s nos marchitamos; desaparecemos como una sombra pasajera”
La soluci?n a nuestro dilema est? centrado en la figura de Jes?s. Al igual que Pablo que intentaba cumplir la ley y tuvo que reconocer que no fue por sus m?ritos sino por su confianza en el hijo de Dios, nosotros tambi?n debemos entender que sin Dios nada podemos hacer. La definici?n del amor es entrega, no basado en el amor de mi c?nyuge hacia m?, sino basado en mi amor hacia ?l o ella. La muerte de Jes?s es la mayor expresi?n de amor. El decidi? amarnos a?n con su propia vida. Su muerte nunca estuvo condicionado a nuestro amor por ?l, ya que nosotros en un principio no lo am?bamos, sino en su amor por nosotros (1 Juan 4:10). No existe manera alguna que puedas corresponder a tu c?nyuge si tu definici?n de amor se fundamenta en tus sentimientos y no en la palabra de Dios. Porque al final no se trata de mi sino de Jes?s. 
Aqu? te dejo tres lecciones que te servir?n para que no seas t? el centro de tu relaci?n, sino Cristo:
1) En la vida matrimonial es importante entender que ya no somos dos, sino uno. Es de suma importancia cambiar el yo por nosotros. (G?nesis 2:24)
2) Mi amor por mi c?nyuge no puede estar basado en su amor hacia m?. El amor es entrega, de la misma manera que Jesus se entreg? por nosotros: por amor (1 Juan 3:16)
3) No podemos pretender comprender a nuestra pareja si nuestra definici?n del amor est? basada en nuestros sentimientos y no en la palabra de Dios.

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